Carta
Salvador Cantabrana Jiménez


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Joder, amigo, con la falta que nos hacen gentes tan íntegras, tan nobles, tan recias y tan luchadoras como tú, y te nos vas. Seguro que te diriges a esa tierra soñada, en la que al llegar a ella vislumbres un letrero en el que pone la palabra LIBERTAD. Cuantas veces cantamos contigo tus canciones, verdaderos himnos de lucha por conquistar nuestros derechos y nuestros ideales. Tu voz recia, que sonaba como un trueno, era el martillo que golpeaba en los oídos de los que siempre han estado por encima de las gentes del pueblo, del que tú eras un miembro más. En tu época de diputado fuiste el eterno inconformista, la mosca cojonera de la derecha, y te enfretaste a ellos con valentía, de frente, con dureza y con dignidad. Tus alegatos contra la guerra fueron memorables. Tu defensa de Aragón, la de las clases populares, todas. Quisieron menospreciarte e intentaron mofarse de tí, pero qué insensatos, no te llegaban ni a la altura de tus albarcas. Esos chupópteros, esos correveidiles, esos arribistas de la moqueta y del sillón pretendían ridiculizarte, y tú, con esa sencillez de hombre libre, con ese olor a campo que paseabas por el hemiciclo, les mandaste sencillamente a la mierda, y ahí se han quedado sin moverse, no saben salir.

Nos dejas muy solos y muy tristes, porque con tu partida te llevas una parte muy importante de nuestros mejores momentos, de nuestra juventud y de nuestros sueños. Ojalá no te defraudemos los que aquí nos quedamos, jodidos, rodeados de injusticias, de miseria moral y de corrupción. Cada vez que caigamos en el desánimo, miraremos al cielo y con el puño levantado veremos esa tierra llamada libertad, y allí estarás tú, con tu risa socarrona y tu mochila, recorriéndola de un lado a otro, sin parar, hablando con sus gentes, con todos aquellos que antes que tú también lucharon por ella, con los "putos cojos republicanos" que nunca llegaron a ser caballeros mutilados, como ofensivamente los diferenció el franquismo. No nos vamos a rendir, como tú no lo hiciste, y te vamos a llevar siempre en el corazón. Hasta siempre viejo profesor, abuelo, compañero. En el mejor sentido de la palabra, has sido un hombre bueno. Ojalá que tu enseñanza y tu ejemplo prenda en mucha gente.

Fdo. Salvador Cantabrana Jiménez