Carta |
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Joder,
amigo, con la falta que nos hacen gentes tan íntegras, tan nobles,
tan recias y tan luchadoras como tú, y te nos vas. Seguro que
te diriges a esa tierra soñada, en la que al llegar a ella vislumbres
un letrero en el que pone la palabra LIBERTAD. Cuantas veces cantamos
contigo tus canciones, verdaderos himnos de lucha por conquistar nuestros
derechos y nuestros ideales. Tu voz recia, que sonaba como un trueno,
era el martillo que golpeaba en los oídos de los que siempre
han estado por encima de las gentes del pueblo, del que tú eras
un miembro más. En tu época de diputado fuiste el eterno
inconformista, la mosca cojonera de la derecha, y te enfretaste a ellos
con valentía, de frente, con dureza y con dignidad. Tus alegatos
contra la guerra fueron memorables. Tu defensa de Aragón, la
de las clases populares, todas. Quisieron menospreciarte e intentaron
mofarse de tí, pero qué insensatos, no te llegaban ni
a la altura de tus albarcas. Esos chupópteros, esos correveidiles,
esos arribistas de la moqueta y del sillón pretendían
ridiculizarte, y tú, con esa sencillez de hombre libre, con ese
olor a campo que paseabas por el hemiciclo, les mandaste sencillamente
a la mierda, y ahí se han quedado sin moverse, no saben salir. |
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Nos dejas muy solos y muy tristes, porque con tu
partida te llevas una parte muy importante de nuestros mejores momentos,
de nuestra juventud y de nuestros sueños. Ojalá no te
defraudemos los que aquí nos quedamos, jodidos, rodeados de
injusticias, de miseria moral y de corrupción. Cada vez que
caigamos en el desánimo, miraremos al cielo y con el puño
levantado veremos esa tierra llamada libertad, y allí estarás
tú, con tu risa socarrona y tu mochila, recorriéndola
de un lado a otro, sin parar, hablando con sus gentes, con todos aquellos
que antes que tú también lucharon por ella, con los
"putos cojos republicanos" que nunca llegaron a ser caballeros
mutilados, como ofensivamente los diferenció el franquismo.
No nos vamos a rendir, como tú no lo hiciste, y te vamos a
llevar siempre en el corazón. Hasta siempre viejo profesor,
abuelo, compañero. En el mejor sentido de la palabra, has sido
un hombre bueno. Ojalá que tu enseñanza y tu ejemplo
prenda en mucha gente. |